Voltereta y Siena (Toscana)

Temprano partimos a Volterra, ya que tenia sus pergaminos. En el camino ya notamos el cambio de paisaje, las viñas desaparecieron y brotaron campos que probablemente cultivan forraje y cereales. Bosques siguen presentes, aunque en menor densidad. Es un pueblo ubicado en lo alto de una colina típicamente toscana, una ciudad que posee su belleza. Es más descuidada que San Gimignano y Lucca, pero tiene su propio encanto distintivo.

Volterra todavía tiene vestigios de su pasado etrusco -de hecho, fue uno de los 12 centros más poderosos desde el siglo IV al VI AC- y de su pasado romano, que se puede visitar, comenzando con sigue siendo muros antiguos, de origen etrusco, cuya construcción se prolungó hasta la Edad Media. Sus estrechas y enredadas calles se pueden encontrar testimonios de varias épocas (desde la Edad de los Etruscos hasta nuestros días). Las maravillas de piedra que se pueden ver por toda la ciudad, son lo que nos queda de las distintas épocas: el Palacio de Priores en el centro, la Puerta con arco, el Teatro Romano (bastante descuidado al igual que otros sitios arqueológicos). Lo que sí es espectacular, es su Museo Etrusco, bastante extenso y es uno de los más antiguos y de los más ricos de Italia, si pensamos que todo el material en exposición provienen de Volterra y de los alrededores. Los objetos expuestos son los testimonios del los primeros habitantes de la ciudad desde la Edad de bronce – 3000 antes de Cristo – hasta la época romana (III después de Cristo). En particular, el Museo acoge la más rica colección de urnas etruscas. Yo que no soy muy de este tipo de museos, lo encontré bastante completo e ilustrativo.

Seguimos en dirección a la ciudad de Siena, que es una de las ciudades más conocidas de Toscana. No es una gran ciudad por su tamaño pero sí por su cultura, sus monumentos, tradiciones y patrimonio. Situada en el centro de Toscana, al sur de Florencia y al este del pequeño macizo de las colinas Metalíferas. En mitad de una zona de colinas, la geografía es la típica de Toscana con pequeños valles, montes bajos, zonas boscosas, cipreses perdidos entre los campos de cereal que nos acompañaron en este recorrido.

El centro histórico está dominado por la Torre de Mangia y el Duomo, la catedral de Santa María Asunta. Esta última la visitamos, impresionante lo fastuoso, pero más allá de ello, las pinturas y trabajos en mármol que deben haber costado sudor y dolor a quienes los realizaron. También impresionantes sus órganos, uno de ellos con trompetas españolas por lo que me instruyó un gran amigo experto en el tema. 0Junto a ellos el Palazzo Pubblico, actual ayuntamiento. También llamativo y murales pintados de manera casi completa en todo su interior, el baptisterio, que no deja de impresionar desde el punto artístico, y en lo personal rabia, por el derroche de recursos. Esto último no me ha sucedido sólo acá, también me pasó en Barcelona y Praga. Seguimos nuestro recorrido por la Cripta, el Museo de la Ópera y escalamos hasta el Panorama del Facciatone, para tener una vista panorámica de la ciudad. En resumen, ciudad bonita, pero sus atractivos muy cargados a lo eclesiástico.

Así viene la moda femenina para el próximo invierno…

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