Carrara, Massa y Lucca (Toscana)

Salimos de La Spezia en un día algo nublado y con algunos tropezones llegamos a Carrara, nuestro primer destino de este día. La ciudad del norte de Toscana de Carrara se asoma al mar de Liguria y exhibe como fondo los imponentes Alpes Apuanos, que ya se divisan desde lejos. Se funde con los Alpes en una secuencia de variados y fascinantes paisajes, en los que dominan los blancos perfiles de las montañas y del mármol extraído de las canteras, protagonistas de la historia y la fortuna de este lugar. Asimismo, llama la atención que a la vez es muy boscoso.

Esta vez no nos fuimos a la ciudad propiamente tal, sino directo a los cerros, subiendo por una cuesta empinada y boscosa, llena de túneles angostos, largos, rústicos y obscuros, donde no sólo anda el escaso turista (comparativamente con las ciudades), sino grandes camiones cargando mármol. De pronto te encuentras en medio de un paisaje singular, cerros cortados, imponentes, de cuyas canteras siguen extrayendo este oro blanco llamado Mármol de Carrara, aunque no sólo es blanco… Quedamos impactados y pasamos varias horas recorriendo los cerros, en auto y a pie.

¡Impresionante!

Ya nos había dado hambre, así es que partimos a la la marina de la ciudad vecina, Massa, a buscar algo bueno para comer. Su marina de unos 10 km de extensión, con playas de arena fina es impresionante, sumado que se fusiona con las marinas de Carrara y Forte dei Marmi. Se nota claramente que la temporada veraniega alta ya terminó, ya que está bastante vacío. Ello facilitó que rápidamente encontráramos una buena mesa en restaurante a orilla de playa.

Pueblo a pueblo a no más de 50 km/h nos tomó llegar desde Massa hasta Lucca, donde fuimos subiendo entre bosques y colinas, hasta encontrarnos con una ciudad más grande de lo que esperábamos. La definiría como dos ciudades en una,

Ya que es una de las pocas ciudades en el mundo que mantienen aún intactas sus murallas medievales, pues nunca fueron utilizadas bélicamente. Los muros, altos 12 metros, miden 4,5 kilómetros de ancho, encierran en redondo todo lo que hoy es el casco histórico de la ciudad y fueron transformadas en un hermoso paseo publico donde se puede recorrer en su totalidad sea a pie que en bicicleta. A última hora cuando nos íbamos, vimos muchos trotadoras y ciclistas.

Estas primeras fotos, en realidad son cuando nos íbamos:

Estacionamos fuera de la zona amurallada y nos sumergimos en Lucca, impresionando la mantención del esplendor medieval de su centro histórico. Llamada “la ciudad de las 100 torres y las 100 iglesias“, encierra en su interior infinitas perlas históricas y artísticas, que no alcanzamos a conocerlas todas. Es realmente fascinante, sus calles, sus locales, sus monumentos, iglesias y torres y su gente que te hacen sentir el estilo de vida italiano en su estado más puro. Dentro de todo lo bueno y valioso para visitar en Lucca, voy a destacar la Plaza del anfiteatro, única en el mundo (dicen…) por su forma ovalada, pues en su interior esconde un antiguo anfiteatro romano del Siglo I. A pesar de que este anfiteatro fue transformado en residencias, aun se pueden observar pequeños restos de los muros externos originales. Se puede acceder a la plaza por medio de 4 entradas, pero sólo una de ellas conserva la forma original de anfiteatro. Hoy de encuentran numerosos restaurantes, cafés, heladerías y negocios de souvenir, además de ser el lugar donde se efectúan los mercados populares. Ya anocheciendo dejamos Lucca con un muy buen sabor a poco.

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