Rumbo a La Spezia

Durante cuatro horas viajamos en un “shuttle” Škoda desde Ceske Krumlov a München. Algo pesado el tráfico, debido a la gran cantidad de camiones que transitan entre Alemania y parte del este de Europa. En cualquier caso, estaríamos en München sólo de pasada por un trámite que realizar y además, era el punto para continuar en tren hacia nuestro primer destino en Italia. Igual disfrutamos la breve estadía, algunas comidas y bebidas típicas, así como la inevitable compra de una que otra cosilla que siempre utilizamos de Alemania, sobre todo, “pichicatas” de salud de la medicina complementaria.

A las 9:15 AM partía nuestro tren rumbo a Bologna, donde disfrutamos de los siempre maravillosos paisajes, sobre todo la pasada por Los Alpes, especialmente lindo entre Innsbruck y Bolzano. Hasta Innsbruck también tuvimos una entretenida conversación con dos adultos mayores residentes en München, pero en verdad mayorcitos, es decir bastante sobre 80 años de edad, muy simpáticos y sobre todo él, con gran sentido del humor. Además, ambos hablaban perfecto español, por los largos años que vivieron en la Costa Brava.

Una siesta…

Puntualmente arribamos a Bologna, pero nuestra primera combinación hacia Parma, venía con un atraso de 30 minutos, el cual se materializó, con lo cual teníamos la garantía de perder el tren que nos debía llevar hasta La Spezia, nuestro destino final. Tratar de aclarar algo con Trenitalia en Bologna, era imposible, la estación era un despelote descomunal. Finalmente en Parma, tuvimos que esperar en la práctica 90 minutos para subirnos al siguiente tren regional, llegando a nuestro pequeño hotel boutique cerca de las 22:00 hrs.

Le Camere di Teo” es de esos hoteles pequeños y modernos, más bien casa de huéspedes potenciada, que no siempre poseen recepcionistas, por lo cual en contacto con uno de ellos vía Whatsapp me pasaron el código de la puerta para entrar y dirigirnos directo a nuestra habitación, que la dejarían abierta y las llaves adentro. El edificio es “del año del ñauca” y el ascensor, ni hablar, esos de doble puerta, estrechos, donde Christi, las maletas y yo no entramos en un viaje. Nos encontramos con una habitación bien acogedora y nos habían dejado un vinito de regalo para relajarnos tras el largo viaje.

Esta foto me la envió Alessandro, el dueño, unas horas antes de arribar, cuando supo que habíamos perdido el tren: “your room is ready”, decía el mensaje.

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