Rapa Nui – Akahana, Rano Raraku, Anakena

A eso de las 10 AM no recoge Fernando y nos dirigimos primeramente a Akahana, una extensa área donde pudimos observar estructuras prehistóricas, cuya importancia y características fueron muy bien explicadas por nuestro guía, además, de manera muy apasionada. Aquí destaca Ahu Akahana, que es un centro ceremonial compuesto por varios Ahu que se fueron fusionando a través del tiempo. Esto denota la mezcla de clanes y familias que se fueron dando en la sociedad antigua.

Más allá de lo icónicos que pueden ser los Moai, aquí es verdaderamente impresionante poder observar una de las aldeas mejor conservadas, sus habitaciones denominadas hare vaka o en español, casas bote.

Además, la tradición señala que en esta área se depositaron los restos de Hotu Matu‘a, ancestro fundador del pueblo Rapa Nui.

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Nuestro grupo, mayoritariamente chilenos de diversas edades, poco a poco comenzó a soltarse y pudimos iniciar una interacción menos tiesa. Por supuesto, rápidamente se detectan mayores y menores afinidades. La química energética opera siempre de manera bastante certera.

De ahí nos dirigimos a los pies de Rano Raraku, volcán conocido como la cantera o fábrica de Moai, lugar en que fueron esculpidos el 98% de ellos y hay muchos aún enterrados. Desde aquí se distribuyeron por toda la isla, siempre mirando hacia la tierra, es decir el pueblo o clan al cual pertenecía el guerrero en el honor al cual se esculpía el respectivo Moai.

En este sitio arqueológico existen 397 Moai en diferentes fases de elaboración y tallado. Se sentía el calor en el extenso recorrido observando a los distintos Moai, con certeras y pintorescas explicaciones de nuestro guía, hijo de madre pascuense y padre porteño de Valparaíso, pero con un fuerte arraigo cultural y también protagonismo dirigencial de la etnia en la isla. Mi rodilla sufría pero sobrevivía al trayecto de muchas subidas y bajadas.

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Proseguimos hacia Ahu Tongariki, que es la plataforma de Moai más imponente de la isla, incluso la mas grande de toda la Polinesia. Son 15 majestuosos Moai que representan la etapa de máximo esplendor en la creación de esculturas de la isla, cuya plataforma ceremonial posee 220 m de longitud.

Seguimos a Anakena, la playa más grande de Rapa Nui. Aquí hay que mencionar, que las playas de la isla han ido desapareciendo o achicándose a lo largo de la ultimas décadas, probablemente debido al calentamiento global y la subida de las aguas del Pacífico. También existen otras teorías al respecto, pero seria largo entrar en esa materia en este relato. El agua es tibia pero refrescante, color turquesa, rodeada de cocoteros traídos desde Tahiti.

Mientras descansábamos debajo de una de las palmeras, de pronto apareció un joven de unos 30 años de edad, flaco pero fibroso. Se sentó a unos 10 m de donde estábamos. Tras mirar hacia las alturas un rato, de pronto y como si fuera un mono, comenzó a subir una de las palmeras cocoteras, a una altura que estimo en unos 25 a 30 m. Sin mucha advertencia a quienes estábamos a nivel piso, comenzó a lanzar un total de 10 a 12 cocos, para luego bajar como que aquí no ha pasado nada. A unos turistas con niños les regaló dos cocos, luego clavó los ojos en los de Christi y le regaló otro. Luego guardó los restantes en una bolsa de esas que hoy debemos usar en los supermercados, abandonando el lugar cordialmente invitado por un guardia.

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Regresemos tipo 18 hrs al hotel, ducha rápida y partimos a cenar al Kanahau. Espectacular. Jamás en mi vida había comido un atún sellado de ese espesor y sabor. El de Christi, más cocido, también estuvo sensacional. Antes, habíamos saboreado una variedad de presentaciones de pescado crudo, preparados con una delicadeza y sabor que explicaban el costo de esa cena a tempranas horas. Por primera vez en su vida o al menos décadas, Christi comió y disfrutó pescado crudo en diversas presentaciones. 

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Junto al restaurante el el show de bailes folclóricos. Justo a las 21 hrs entramos a disfrutar en primera fila los bailes típicos del ballet Varua Ora. Bien bonito y a ratos espectacular. El baile masculino es brutalmente intenso y las damas, muy sensuales y con una soltura en la cintura admirable, donde no hay que dejarse engañar por la envergadura de la bailarina. 

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Cerca de medianoche caimos rendidos en nuestra habitación del hotel.

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