Alemania y Noruega 2017 – Oslo

Si consideramos que Oslo nunca fue parte del plan Noruega, sino el foco era las Hurtigruten, es decir, la capital noruega era una escala técnica extendida en nuestro retorno a Alemania. Si teníamos suerte con el clima bien, si no, a disfrutar con lo que diera San Pedro. 

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Después de atracar en Bergen, nos transportaron raudamente junto a otros 30 pasajeros al aeropuerto, para que cada cual se las emplumara hacia su nuevo destino. Nosotros íbamos holgados de tiempo, unas 4 horas, así es que relajados. Lo de relajados duró poco, aún cuando nunca llegamos al estado de alterados. Con este nuevo sistema en que cada cual chequea su maleta sin que haya seres humanos de por medio, salvo quien lo realiza, quedó la tendalada. El sistema se bloqueó y nadie podía chequear sus maletas, de ningún vuelo. Por supuesto no había suficiente personal para reaccionar ante la contingencia. Nos mamamos dos horas de fila, porque para más remate íbamos excedidos en el peso de maletas (algunas compritas …). Finalmente chequearon vuelo tras vuelo a mano, acarrearon las maletas a mano, lo que me extrapoló a mínimo dos décadas atrás. Es decir, cuando estos sistemas fallan, se producen colapsos. Menos mal llegaron las maletas a Oslo y finalmente caímos lona al sobre tipo 22:30 hrs. 

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Tipo 10:00 AM nos subimos al “Hop On Hop Off” de Oslo y teníamos más o menos claros los destinos prioritarios. En cuanto a clima, el día prometía poco, ya que aparte de nublado soplaba una brisa de esas que no perdonan la falta de capas. Afortunadamente, contra todo pronóstico del tiempo, tipo 14 hrs abrió el cielo y tuvimos una maravillosa tarde soleada. 

Me adelanto: en este único día de descubrimiento de Oslo, si me pidieran resumirla en una frase, diría que es “una pequeña ciudad bonita, entretenida y de puerto, bastante ecológica, que puede rebalsar la capacidad de asimilar cultura, ya sea a través sus estatuas, museos, otras intervenciones artísticas urbanas, así como la amabilidad de las personas”. 

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Nuestra primera parada fue el Parque de Vigeland, donde nos centramos en las estatuas. Aunque le dedicamos buen tiempo, como una hora y media, podría haberme quedado más tiempo, pero teníamos programa por delante. Realmente apabullante como esas estatuas llenas de vida, expresión y sentido te llegan…, al menos a mí. En definitiva la tremenda variedad de representaciones humanas, emocionales, que me generaron sentimientos contrastantes que van desde la muerte, la vejez desvalida y la desesperación, con el positivismo derivado de la maternidad, la pareja, el sexo y la familia. Como la vida misma. ¿Será para que lo converse con mi psicóloga? Desgraciadamente, el Museo de Arte Vigeland los lunes permanece cerrado, desde la semana pasada…

Luego nos dirigimos a un sector donde hay otros cuatro museos, de los cuales uno no pudimos visitarlo por la misma razón anterior, es el Marítimo, pero si pudimos visitar el de los Vikingos – bien impresionante -, así como el Museo del Fram que muestra la historia – entre otras – de las exploraciones al polo norte y polo sur realizadas connotados noruegos.

Después de entretenernos viendo un rato la ciudad desde el bus, decidimos bajar en la zona céntrica y visitar parques, el impresionante edificio del Ayuntamiento (me suena mejor que Municipalidad), quizás porque ahí se hace entrega del Premio Nobel de La Paz. De ahí proseguimos, ya con un día soleado, hacia la marina deportiva y en donde también llegan y salen con buena frecuencia los “Metrobarcos” que llevan a personas a sus zonas de residencia, pero que sólo o más fácilmente son accesibles por mar. Esa marina no sólo está plagada de conocidos cafés y restaurantes, sino genera una onda muy especial, entre los turistas y los locales.

La diversidad se huele literalmente y también se observa, desde quien pasa a tu lado trotando, el otro que anda en sus esquíes con ruedas practicando para el invierno cuando se suba a sus esquíes nórdicos, el que se sienta en un café con un libro y se pone audífonos para aislarse auditivamente del entorno, del que choca contigo porque va “whatsappeando” al caminar, las rubias vikingas que parecen muñecas, los inmigrantes de diverso origen hablando en noruego, los que se visten como payasos y nadie se voltea para mirarlos, los que con 18ºC se ponen short porque entran en éxtasis solar…., y así, tantos más, que es un placer observar en silencio sin comentar y sólo procesar. Dentro de ese contexto y un poco antes de regresar a nuestro hotel, nos toca ver a la Reina de Noruega y parte de su familia, salir ultraprotegida desde una recepción de algún edificio que tenía pinta de monárquico. Finalmente nos sentamos un rato en el parque, al sol, luego pasamos por un minimarket para aperarnos de algunas cosas y listo, mañana a mediodía salimos a Berlín vía Estocolmo. 

Y…, a todas mis amistades chilenas o quienes se sientan chilenos, les deseo un buen Dieciocho y una saludable semana dieciochera.

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