Cuba 2017 – Soroa y Cienfuegos: dos experiencias en dos días, muy distintas.

Estaba muy caluroso a las 10:00 AM cuando salimos de María la Gorda en dirección a Soroa. Ambos viajábamos con incomodidad. Christi debido a un ataque de “jejenes” que la traen a mal traer hasta hoy: antibiótico y corticoide en crema aún no son capaces de controlar el dolor y picazón de centenas de picaduras en las piernas. Yo también fui picado, pero ni un 10% del maltrato que recibió Christi. Ello sucedió en no más de 30 minutos mientras cenábamos viendo la puesta de sol, la cual abandonamos cuando veíamos que estas mosquitas casi microscópicas se deleitaban con sangre chilena. Los microbichos no habían aparecido ningún día anterior….y posterior tampoco. Volviendo a la incomodidad…, yo viajaba semi-recuperado de una insolación, la que me agarré principalmente en un demasiado extenso baño en el mar.

Al poco andar, sorpresa… En nuestro camino se cruzaban decenas de cangrejos. Al comienzo pensamos que sería un corto tramo, pero no, esto finalmente se extendió por varios kilómetros. ¡Un fenómeno!

Estábamos deshaciendo camino, así es que ya conocíamos los que nos esperaba. El mismo fenómeno vial de la ida, pero siempre suceden cosas sorprendentes: un auto que iba unos veinte metros delante nuestro, adelanta a un ciclista que llevaba una canasta plástica rígida detrás suyo, es decir en una parrilla por sobre la rueda trasera. El golpe de aire de la adelantada debió ser inusualmente fuerte, ya que de pronto, sale volando una gallina de la canasta, sí , volando a 2 metros de altura y en plena marcha. Pero el ciclista que conocía su oficio, de un tirón rescata la gallina de los aires y la regresa a la canasta. Claro, la tenía amarrada de una pata. Fue muy graciosa la situación. 

Cuatro horas mas tarde hacemos ingreso en Soroa, poblado pequeño con algunas casas pintorescas. Aquí haríamos nuestra escala técnica de una noche rumbo a una zona de Cuba que comprende las ciudades de Cienfuegos, Trinidad y Santa Clara. Esta vez nuestra anfitriona es Virginia. Después de instalarnos y conversar un rato, partimos a conocer el jardín botánico con su especialidad, las orquídeas. Realmente hermoso y muy bien cuidado todo. Un chichecito. Posteriormente partimos a un mirador junto a un “castillo en la cumbre”, con una buena vista a la extensa explanada donde se encuentra – entre otros poblados – Soroa. Finalmente una visita breve a un poblado vecino llamado Candelaria, para comprar las cremas de Christi en una farmacia del año de la pericota. 

Farmacia Candelaria
La farmacia

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De regreso en casa de Virginia, no más allá de las 5 de la tarde, nos sentamos en unas mecedoras de hierro antiquísimas bajo un gigantesco árbol de mango. Muy placentero. A Virginia se sumó su mamá Aurora, de 80 años de edad y su hermana Maricarmen (la mayor de 4 hermanas) que tendría unos 60. Aunque Aurora nos abandonó algo más temprano por su dolor de cadera, donde le habían dicho que quizás le pondrían una de yeso (?), nuestra conversación con ambas hermanas se extendió hasta casi las once, acompañados de los mojitos que correspondían. Nuestra conversación fue sólo interrumpida por nuestra cena espectacular, ya les cuento…, así como por la llegada de una pareja joven de Dortmund, que ocuparían la otra habitación que tiene Virginia para huéspedes.

Hace mucho tiempo que no comía un pollo tan sabroso: Maricarmen lo troza, luego lo sazona con vino blanco seco, sal, comino y ajo. Lo deja reposar entre una y dos horas, para luego dorarlo de vuelta y vuelta en una sartén con aceite. Finalmente lo pone en olla a presión por 10 minutos, sumándole el líquido que quedó tras sazonarlo. La receta nos la confesó tras mis alabanzas y una potencial proyección de emigrar, a pesar de su edad. Es que una buena parte de nuestra conversación con estas tres mujeres maduras giró alrededor de su vida, donde literalmente “pelaron y aún pelan el ajo”, a pesar de que las dos hijas son universitarias, hoy luchan para evitar ser consumidas por la precariedad, donde comprar shampoo es un lujo y la anciana madre desde hace meses se muere de dolores, en un sistema de salud que al exterior te lo venden como ejemplar. No detallaré más ahora, ya tendré mi momento. Muy emotiva despedida en la mañana siguiente. Ellas son ese tipo de personas que primero conoces “por piel” y luego todo lo demás. Estuvimos con ellas sólo unas horas, pero igual las extraño…, no sé bien cómo puedo ayudarles y si realmente debo hacerlo. Extraña sensación…, que seguramente se irá conmigo en el avión de regreso.

20170427_123147A Cienfuegos nos demoramos menos de lo esperado, no porque la ruta estuviese mucho mejor, sino que los carteles iniciales deben haber sido de alguna carretera antigua anterior. Mentalmente nos ahorramos casi 100 km. De Cienfuegos no habíamos conseguido un plano de la ciudad, pero increíblemente preguntando tres veces llegamos a eso de la una de la tarde a nuestro hospedaje, donde Marilú y Mario, una pareja muy agradable. Tienen una hija que está realizando su doctorado en oceanografía en la Universidad de Concepción. Sumado a que Mario fue ex-voleibolista pero amateur, así como muy entendido en la materia y además muy al día, tuvimos una fácil conversación. Ambos excelentes anfitriones y en todo momento nos hicieron sentir como en casa. Personas cultas y preparadas. Ella Ingeniero en Informática de un banco y él, profesor de cálculo en la universidad. Lo del alojamiento es para generar algún ingreso adicional. Con ellos vive la madre de Marilú, de 96 años de edad. En toda una tarde conocimos lo que debíamos conocer en esta ciudad, construcciones antiguas semi-cuidadas, salvo contadísimas excepciones, que a mi parecer con ojo de no-experto, no dan para catalogarla como patrimonio cultural de la humanidad. También visitamos un malecón que por sectores huele a desagüe de aguas servidas. La ciudad posee potencial, pero honestamente pienso que podríamos habernos ahorrado esta visita, con la excepción de haber conocido a nuestros anfitriones. Quizás lo más rescatable fue la compra de un lindo cuadro, en un sector destinado a artistas y comerciantes de artesanías. Además…, “caían los jotes asados” (buitres…., para mis amigos no-chilenos) lo que hacía más cansador el traslado a pie de un lugar a otro. El siguiente destino es Trinidad.

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